Suena la alarma, la dejo timbrar por un buen tiempo, no quiero levantarme, siento mi corazón vacío, pienso que solo es un juego de la mente, trato de pensar en algo fuera de lo común; piedra, papel, lápiz, repito; piedra, papel, lápiz, no funciona; tiempo atrás mientras estaba en el ejercito realizando mi servicio voluntario, a esta hora (4:00 am) ya estábamos en el campo de Marte (patio central del cuartel), siempre había un motivo para castigarnos, que no limpiamos bien, que no marchamos bien, que nos estamos acabando la comida, que no valemos nada, a veces me sentía tentado en tocar la campana y pedir la baja, pero justo ahí venía esa voz ¡Levántate soldado!; entonces utilizo ese pensamiento y ya estoy en la cancha, sintiendo ese frío propio de la madrugada.
Ya son dos semanas que no te veo en misa, una reunión a la que no asistes, trece días sin verte, y los días siguen pasando; amanece, me levanto, entreno, voy al trabajo, al curso, al club, duermo; amanece, me levanto, me siento vació, ¡Levántate soldado!, entreno, voy al trabajo, al curso, de vez en cuando escribo un Blog, duermo (si es que puedo), y el bucle infinito sigue.
Luego de tanto pensar me doy cuenta de que te extraño, de que tengo los síntomas, ¿Será que tu los tienes también?
"Transmuto esto que siento por ella, y reparto todo el cariño sentido en las demás personas"
C.S.
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