viernes, 1 de enero de 2016

Día 1 de 366

Todo empezó en las fiestas de la virgen del Cisne, estaba con traje semiformal y con una gorra tipo boina.
Siempre he pensado en ti y de hecho la mayoría de veces me pregunto que pasaría o que pensarías si hago tal o cual cosa; a veces me imaginaba conversando contigo, explicándote sobre mi forma de actuar.
Entonces la primera idea que tenía al llegar a la plaza fue, ¿Dónde estás? ¿me estarás observando?, ¿Te alegrará mi presencia así como a mi la tuya?; mis ojos hicieron un barrido de 360° enlazando la imagen que tengo de tu rostro con las caras de las personas presentes. Te vi, y no se porque en ese momento la fiesta tenía su razón de ser por tu presencia, no me importaba lo demás, no me importaba si el DJ mezclaba mal, si las músicas eran muy anticuadas, nada.

Miraba como las personas bailaban alegres, observe algunos amigos entreteniendo a unos voluntarios Italianos. Tengo dificultades en pedir a una chica desconocida que baile conmigo o a una que me gusta, y cuando ya empiezo a bailar vienen dos problemas, ¿Cómo seguir el paso? y ¿Qué decirle mientras bailamos en el caso de que me gustaría conocerla mas a profundidad?; bueno, esos han sido siempre mis problemas en las fiestas pero no por eso he dejado de ir, pienso que algún día aprenderé.
Y mientras pensaba en ese problema vi que te acercabas sonriendo con un poco de vergüenza y haciendo movimientos de baile con tus pies, estiraste tu mano y me sacaste a bailar. Estabas vestida de negro y por segunda vez en los dieciocho años que nos conocemos te miré a los ojos; te dije que eramos los primeros en romper el baile y dijiste "No me importa lo que piensen los demás"...
Ya en casa antes de acostarme te envié un mensaje de texto agradeciéndote por sacarme a bailar, no recuerdo que escribiste luego, creo que mi cerebro estaba demasiado alborotado.

Y desde ese momento las reuniones empezaron a tener un sentido en mi vida; escucho los pasos de unos tacos acercarse a la puerta, se abre, y entras tú; ahora se dibuja una pequeña sonrisa en mi cara que trato de disimular porque vaya hecharlo todo a perder; digo tu nombre con emoción y me gusta mucho cuando te sientas a lado mio, bueno pocas veces. 

Dicen que Dios es la única razón por la que nos reunimos, entonces si Dios es amor (1 Juan 4:8), creo que estoy en el lugar exacto. Voy solo por verte, escuchar lo que piensas, luego acompañarte a la casa y finalmente darte un abrazo y debes en cuando girar.



Te veo subir, te saludo con una sonrisa y nos vamos a caminar, tenía planificado llegar quince minutos antes y comprar comida y agua pero los buses no colaboraron ese día  y llegamos con las justas.
Empiezo hablar con el grupo de montañistas, le pido de favor que me ayude a comprar algunas cosas que me hacían falta y me mira a los ojos diciendo "El guía no tiene preparada su mochila", solo me río y medio medio le explico mis planes fallidos.

Luego, al momento de la presentación escucho a mi corazón anhelar presentarte como alguien especial y cuando regresas con las cosas, valoro mucho tu ayuda y vienen otros anhelos a mi corazón, que para no ir mas rápido que la velocidad de la luz prefiero reservarlos para después.

La razón de esa salida no es en si el club, sino su presencia, me doy cuenta de eso cuando tiempo después en otra excursión en la que no me acompaña, me sentía vació y la extrañaba mucho, sin embargo no me gusta obligar a nadie, porque es mas bonito que las situaciones se presenten de forma espontanea.

Donde quiera que te encuentres en este momento, te dedico este:

Relato para C.S.


No hay comentarios:

Publicar un comentario