Afuera caía un poco de llovizna, al parecer Dios me estaba bendiciendo para que me animara a entregar mi pequeño obsequio, tenía miedo, temblaba un poco, mientras conversábamos camino a su casa ella me contaba sobre su trabajo y compromisos para el fin de semana, le ofrecí mi brazo, me gusta mucho que me tome del brazo, tenía unas ganas de abrazarla y que me abrace y caminar así hasta su casa; es lindo ver nuestras sombras reflejadas en el piso con la luz de los postes.
“Todo lo que sucede una vez puede que no suceda nunca más. Pero todo lo que sucede dos veces, sucederá, ciertamente, una tercera”
El Alquimista
Relato para C.S.
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